lunes, 2 de abril de 2018


Te fuiste como se va el día
cuando ya no quedan más persianas por bajar,
con el sol entre los dedos
y la luna asomando por las rejillas
de las ventanas
que algún día dieron a tu habitación.

No pensé que pudiera sentir soledad
en un cuarto repleto de abrazos,
pero la nostalgia es esa encimera vieja
de la que nunca te consigues deshacer.

El eco de los sollozos hacía retumbar las paredes
y tus pupilas cansadas
eran el centro de una diana
con dardo directo a mi corazón.

No fuimos lo suficientemente fuertes
como para dejar de amarnos
mientras las olas
desde dentro
apagaban cualquier intento
de prender fuego al error.

Fue entonces cuando entendí
que la tristeza solo duele cuando se siente
y qué sentir con el alma tan rota
si no es el silencio
de los cristales bailando
en los recuerdos que perdí.

De todas las formas en las que podrías haberte quedado,
decidiste ser viento
para descansar
en los lugares que todavía huelen a ti.

A veces suspiro y me parece respirarte,
pero entonces recuerdo
que la vida es solo un intento
de seguir sonando
cuando todo escuece.

Que no necesito que nadie lo entienda,
pero iluminas la piel
de una persona
llena de ausencia.

Si todos los días guardo un poco del aire que no respiro al gritar

Si todos los días encuentro equilibrio en mis pies quedándose cortos

Si todos los días te siento en el momento justo antes de perderme

Si todos los días soy alas buscándote en mi cielo

Si todos los días nazco para ser vida

Si todos los días las olas le quitan gravedad a mis heridas

Si todos los días cierro agujeros para abrir ventanas de par en par

Si todos los días bailo con la tristeza y me emborracho con la poesía

quizá,
entonces,
nunca tenga que despedirme de ti.

viernes, 2 de junio de 2017

siempre serás

Pienso empapelar las calles de susurros
cada vez que se me venga tu nombre a la cabeza
y después,
como quien no quiere la cosa,
forraré cada obra de arte
con la tinta de tus ojos.

Me saltaré todos los semáforos en rojo
de esta rabiosa y melancólica ciudad
solo porque tú me enseñaste a ser
un ingenuo verde esperanza.

Ya no le permito a mis lágrimas preguntarse dónde estás,
no vaya a ser que entre tanto amor y poesía
estallemos a alcohol
y, de entre todas las tonterías,
decidamos pensar que dejaste de existir.

Joder,
este nudo en la garganta no es tristeza,
sino el rastro de felicidad que dejabas tras de ti.

Quiero que seas pasado en mi futuro
para seguir viéndote rimar con la misma sonrisa invernal
por la que nunca dejaría de reconocerte;
sentir que hemos vivido
y que te quiero como te quería
cuando empezaste a escocer.

Siempre has sido
y te ha encantado ser
el escalón superior de una fila de escalofríos
que nunca se cansará de incendiar.

No eres ausencia
ni soledad;
eres mi pulso en una pesadilla
recordando que eres real.

Un grito ahogado,
la asfixia del no acabar,
la imposibilidad de volar en una libertad ficticia
y el puto punto exacto en el que podríamos parar el mundo.

No pienso fingir que la inmortalidad no es relativa,
ni que un par de versos jamás durarán más que medio segundo de suspiro;
que la poesía es lo que queda de una historia que no se volverá a repetir
y que benditas las palabras
por mantenerte aquí
todos los puñeteros días.

martes, 25 de abril de 2017

qué sería de mis 20 sin tu 2

Si la vida fuera guerra
y tan solo tuviera tinta y corazón,
me escaparía de mentes y cuerpos desquiciados
para hacer de ti
un lugar donde esconderme.

Si la vida fuera tormenta
y tan solo navegaran los más valientes,
convertiría mis sueños en cobardía
para poder visitarte todas las noches.

Si la vida fuera amor
y tan solo me faltaran alas para volar contigo,
almacenaría el retumbe de cada gota de lluvia que algún día clamó tu nombre
y provocaría estampidas de silencios más sinceros
que esta poesía.

Si la vida fuera miedo
y tan solo escuchara tu risa soñando a voces,
haría de cada página desdoblada
un rincón donde encontrarte.

Si la vida fuera fuerza
y tan solo me atreviera a desangrar los versos más sentidos,
besaría cada centímetro de nostalgia
y encontraría cobijo
en tus peores pendientes.

Si la vida fuera dolor
y tan solo quisieras llevarme a volar,
cerraría rápidamente los ojos
para, con suerte,
conseguir que te quedaras para siemprSi la vida fuera guerra
y tan solo tuviera tinta y corazón,
me escaparía de mentes y cuerpos desquiciados
para hacer de ti
un lugar donde esconderme.

Si la vida fuera tormenta
y tan solo navegaran los más valientes,
convertiría mis sueños en cobardía
para poder visitarte todas las noches.

Si la vida fuera amor
y tan solo me faltaran alas para volar contigo,
almacenaría el retumbe de cada gota de lluvia que algún día clamó tu nombre
y provocaría estampidas de silencios más sinceros
que esta poesía.

Si la vida fuera miedo
y tan solo escuchara tu risa soñando a voces,
haría de cada página desdoblada
un rincón donde encontrarte.

Si la vida fuera fuerza
y tan solo me atreviera a desangrar los versos más sentidos,
besaría cada centímetro de nostalgia
y encontraría cobijo
en tus peores pendientes. 

Si la vida fuera dolor
y tan solo quisieras llevarme a volar,
cerraría rápidamente los ojos
para, con suerte,
conseguir que te quedaras para siempre.

domingo, 23 de abril de 2017

Viernes o sábado.

No lo sé.

Pero tú estabas en medio de toda esa multitud de suspiros impacientes por escapar de aquella calle interminable, cochambrosa, atestada y enteramente empapada de personas inquietas con pasos estancados; manos y cinturas frecuentemente intercambiadas cual índice mortal de posesión y desasosiego; miradas de empatía entre desconocidos aplastadas por la competición, el desamparo y la avaricia, como si un paso en falso evidenciara morir.

Y sobre ese suelo pegajoso y nauseabundo impreso a dobles caras estabas tú, en aquella avenida y bienvenida a la desesperación, los pensamientos en vano y la incertidumbre apaleada.

Lo sé porque no me hizo falta rebuscar entre la porquería para encontrar tu polo azul marino, tu gorra descolocada y tus pantalones negros y brillantes por las rodillas bien reflejados en el verde eléctrico de tus frágiles y baratas gafas de sol.

Lo sé porque, aun entre toda esta mierda y personas que escupen a voces cuerpos y mentes vacíos, siempre he conseguido encontrarte.

Siempre has conseguido encontrarme.

jueves, 2 de junio de 2016

miércoles noche

En noches como las de hoy,
en las que te pienso tratando de no pensarte,
sonrío porque no hay palabra,
ni siquiera suspiro,
capaz de abrazar la parte de ti que más venero.

Acabo de posponer una lágrima
justo después de prometerme
una vez más
que la tristeza solo entristecería.

Pero también duele.

No sabes lo que jode imaginarme sin ti
después de haberte tenido,
ni sabes lo que escuece separarme de ti
sin haber renunciado a tus ojos.

Me compadezco de quienes relacionan felicidad y poesía
y lamento orientar mis poemas
y su magia
a la musa que guía mis sentidos y mi Nostalgia.

No encuentro mejor consuelo,
ni cura más eficiente,
que la de abrir una ventana
sin la necesidad de haber dado portazo antes.

Pero esta noche no lloraré por ti,
ni pediré perdón por echarte de menos.

Esta noche,
voy a permitir que conquistes la parte izquierda de mi pecho
y voy a dejar de alterar nuestros recuerdos
si ya de por sí se distorsionan.

Te espero en el punto exacto
en el que sé que aparecerás
para poder escribir sobre ti
sin la necesidad de haberte perdido.

Sabed que hay quienes no necesitan morir para estar muertos;
sabed que para vivir solo hace falta ser pensado y,
en consecuencia,
seguir vivo.

sábado, 16 de abril de 2016

piensa, respira, calma

Aparece de repente y te pide que respires, que pienses, que sientas.

Sé persona. Inocente, vulnerable, humana. De las que sufren y rompen; de las que lloran y añoran.

Te susurra calma sujetándote por las costillas; las agarra, las explora, juguetea y las deja, y sigue con tu vientre, tu espalda y tus caderas, recorriendo una por una tus entrañas como un leve cosquilleo que duele, que abrasa, que mata.

Observa tu garganta y la atraviesa, dejándote sin aliento, voz, alegría, robándote las ganas de gritar como si en eso, en el peor de los casos, fuera incluso posible.

Calma, repite con las palabras aún desgarradas. Piensa, respira. Calma.

Acaricia tus labios con los dedos de la mano que por las noches no te soltaba, y cuando aún duele, cuando aún sangran, los desampara, habiendo dibujado como si nada el contorno de la silueta que años atrás besaba.

Y sigue: Piensa, respira, calma.

Tropieza.

Se sitúa en la oreja izquierda como único principio del fin posible. Si no se roza no se siente; pero se siente y la roza. La retuerce a mordiscos y se desgasta hasta que tanto intento absurdo de escuchar de pronto cesa.

Todo cesa.

Silencio.

Tranquilidad.

Suficiente.

Basta.

Los recuerdos ya no suenan pero retumban, se agitan y repiten:

Piensa, respira, calma.

Cada vez más fuerte. Cada vez más alto.

Piensa, respira, calma.

Allí donde todos los sueños, deseos, incertidumbres y miedos descansan, allí y solamente allí, para. Aparece no tan de repente y tan solo para.

Para por favor, para.

Pero obviando el temblor de mis súplicas sigue, y allí donde todas las rabietas, las discusiones, los abrazos y las decepciones descansan, allí y solamente allí, para. Me mira directamente a las pupilas, se dilatan y me delatan.

Cada sensación injustificada, cada inspiración entrecortada, cada conversación sin acabar, estaba allí y solamente allí, en la mirada de un corazón que ahora late a contracorriente, con ganas de verte y con pocas de seguir.

Clava su mirada en la mía intentando adivinar qué está pasando.

Rodea, examina, tantea, hasta que abre la boca y

Piensa, respira…

Explota.



Calma.