martes, 25 de abril de 2017

qué sería de mis 20 sin tu 2

Si la vida fuera guerra
y tan solo tuviera tinta y corazón,
me escaparía de mentes y cuerpos desquiciados
para hacer de ti
un lugar donde esconderme.

Si la vida fuera tormenta
y tan solo navegaran los más valientes,
convertiría mis sueños en cobardía
para poder visitarte todas las noches.

Si la vida fuera amor
y tan solo me faltaran alas para volar contigo,
almacenaría el retumbe de cada gota de lluvia que algún día clamó tu nombre
y provocaría estampidas de silencios más sinceros
que esta poesía.

Si la vida fuera miedo
y tan solo escuchara tu risa soñando a voces,
haría de cada página desdoblada
un rincón donde encontrarte.

Si la vida fuera fuerza
y tan solo me atreviera a desangrar los versos más sentidos,
besaría cada centímetro de nostalgia
y encontraría cobijo
en tus peores pendientes.

Si la vida fuera dolor
y tan solo quisieras llevarme a volar,
cerraría rápidamente los ojos
para, con suerte,
conseguir que te quedaras para siemprSi la vida fuera guerra
y tan solo tuviera tinta y corazón,
me escaparía de mentes y cuerpos desquiciados
para hacer de ti
un lugar donde esconderme.

Si la vida fuera tormenta
y tan solo navegaran los más valientes,
convertiría mis sueños en cobardía
para poder visitarte todas las noches.

Si la vida fuera amor
y tan solo me faltaran alas para volar contigo,
almacenaría el retumbe de cada gota de lluvia que algún día clamó tu nombre
y provocaría estampidas de silencios más sinceros
que esta poesía.

Si la vida fuera miedo
y tan solo escuchara tu risa soñando a voces,
haría de cada página desdoblada
un rincón donde encontrarte.

Si la vida fuera fuerza
y tan solo me atreviera a desangrar los versos más sentidos,
besaría cada centímetro de nostalgia
y encontraría cobijo
en tus peores pendientes. 

Si la vida fuera dolor
y tan solo quisieras llevarme a volar,
cerraría rápidamente los ojos
para, con suerte,
conseguir que te quedaras para siempre.

domingo, 23 de abril de 2017

Viernes o sábado.

No lo sé.

Pero tú estabas en medio de toda esa multitud de suspiros impacientes por escapar de aquella calle interminable, cochambrosa, atestada y enteramente empapada de personas inquietas con pasos estancados; manos y cinturas frecuentemente intercambiadas cual índice mortal de posesión y desasosiego; miradas de empatía entre desconocidos aplastadas por la competición, el desamparo y la avaricia, como si un paso en falso evidenciara morir.

Y sobre ese suelo pegajoso y nauseabundo impreso a dobles caras estabas tú, en aquella avenida y bienvenida a la desesperación, los pensamientos en vano y la incertidumbre apaleada.

Lo sé porque no me hizo falta rebuscar entre la porquería para encontrar tu polo azul marino, tu gorra descolocada y tus pantalones negros y brillantes por las rodillas bien reflejados en el verde eléctrico de tus frágiles y baratas gafas de sol.

Lo sé porque, aun entre toda esta mierda y personas que escupen a voces cuerpos y mentes vacíos, siempre he conseguido encontrarte.

Siempre has conseguido encontrarme.