sábado, 10 de octubre de 2015

felices 20 (y feliz)

Cuando cantas, cuando ríes, cuando quieres, cuando llamas.
Como si nada.

Cuando te adjudicas la libertad que siente el águila mientras vuela,
autoritaria,
despreocupada,
y la plasmas en un poema.
Como si todo.

Como si la vida siguiera.

Cuando llegas
después de un par de copas de emociones
como si jamás te hubieras ido,
rozando la esencia y el sinsentido
del que tanto te veía capaz.

Cuando me atraviesas con la mirada
como si en eso consistiera vivir.

Cuando balbuceas canciones en inglés,
cuando sientes el rap en vena
y sientes la alegría de sentir.

Cuando te enervas por no saber pronunciar una letra,
tu apellido te putea
y de esta erre ya no sabes salir.

Cuando increpas. Mientras más piensas más vueltas
y más movimientos de pies.
Que si abrazos por la espalda,
que si me clavas tus pupilas dilatadas
cansadas
de tanto que tienen que decir.
Ya sabes,
como si nada.

Como si acaso el sol fuera a dejar de salir.

Cuando ya apenas escucho,
agotada,
cuando la sintonía de tu risa de pronto se apaga
inacabada
y sin razón.

Cuando me acorrala la nostalgia
en un callejón sin salida
sin prisa
y apuñalándome el corazón.

Cuando cortan la línea,
las palabras;
aumentan los suspiros,
y tu almohada
desconcertada
pierde la conversación.

Cuando tu olor corre por la casa.
Cuando tu alma recorre mi cabeza.
Cuando siempre.
Cuando de pronto.
Cuando Otoño, Febrero y Abril.

Entonces, sé que estuviste aquí.

Veinte velas te esperaban,
veinte cosas que decir.

Veinte días que quedaban,
veinte vidas que te daba
de margen
para que vinieras a por mí.

Veinte velas
que señalan
que no hay nada más incierto que prometer.

Que esta vida ya no es mía
sino nuestra,
y en cada puesta de sol te volveré a ver.

Cuando ves, cuando enloqueces, cuando lloras, cuando mientes, cuando eres.
Cuando soy sin ti.
Entonces,
una vez de cada veinte,
al menos siempre,
estuviste aquí.

domingo, 4 de octubre de 2015

siempre por tus ganas

Hay heridas
que si escarbas
llegaron a ser historias
ensangrentadas
de cariño,
paciencia
y caricias por las espaldas.

 Los sueños de quienes se fueron
 Las promesas de quienes faltan

Cosas que en el camino no fueron más que escarcha

Pájaros revoloteando porque han perdido un ala;
el billete de vuelta
a la nada;
la vida de alguien
en tu cabeza
atrapada.

  Ambulancias invisibles
  Patrullas innecesarias

Lo que duele, duele
y si no duele te engañas.

Fotografías que se quedan,
que queman
y demuestran
que a veces las sonrisas vuelan. Por mi mente. Por tus ganas.

De verte.

  Vacío que no es luna llena
  El final insatisfecho de una novela

Cosas que no se arreglarán con un par de monedas

Tus ojos palpitando en los míos,
mi pecho clavado en tus latidos.

El olor de quien no está también cuenta como delito.
Como contabas con tus dedos las veces que rozaban los míos.

Echar de menos
  -o eso leí en tus libros-
es sin duda el peor de los castigos.


en proceso

Prometo estar,
quedarme cuando todo se nos venga encima;
adornar el final con flores
y poesía.

Prometo apagar el interruptor
cuando ya no quede nadie;
poner tus sueños a tender
cuando a momentos nos falte el aire.

Prometo abrazarte al final del terremoto. En tiempos de guerra,
ya sabes,
acabar con los rotos.

Pegar los trozos.

Todos.

Que los cristales clavados
valgan más por separado.

Que para espejos ya tenía tu risa
y era el mejor oasis donde verse reflejado.

Prometo acelerar en el bache
o esquivarlo;
meterte el Jazz en vena
y recordarte
cantando,
recitando,
respirando.

Coloca tus quehaceres en lo alto del árbol más grande, verde y joven del barrio.

Yo prometo acabar la carrera,
encender el candelabro
y quemarme aunque duelas.

Prometo seguir buscando palabras,
sentimientos,
alegría
que te describan.

Que te traigan aquí cualquier febrero,
cualquier día.

Que sigas.
Prometo eso toda la vida.