domingo, 23 de abril de 2017

Viernes o sábado.

No lo sé.

Pero tú estabas en medio de toda esa multitud de suspiros impacientes por escapar de aquella calle interminable, cochambrosa, atestada y enteramente empapada de personas inquietas con pasos estancados; manos y cinturas frecuentemente intercambiadas cual índice mortal de posesión y desasosiego; miradas de empatía entre desconocidos aplastadas por la competición, el desamparo y la avaricia, como si un paso en falso evidenciara morir.

Y sobre ese suelo pegajoso y nauseabundo impreso a dobles caras estabas tú, en aquella avenida y bienvenida a la desesperación, los pensamientos en vano y la incertidumbre apaleada.

Lo sé porque no me hizo falta rebuscar entre la porquería para encontrar tu polo azul marino, tu gorra descolocada y tus pantalones negros y brillantes por las rodillas bien reflejados en el verde eléctrico de tus frágiles y baratas gafas de sol.

Lo sé porque, aun entre toda esta mierda y personas que escupen a voces cuerpos y mentes vacíos, siempre he conseguido encontrarte.

Siempre has conseguido encontrarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario