Yo empecé a escribir por ti. Te escribía para sentir que me sentías; te leía para aprender de nuevo lo que ya sabía de ti.
Me presento, soy Rebeca González. Y sigo viviendo en un mundo que come mierda y caga flores.
Y sigo viviendo.
Recuerdo lo mucho que te tranquilizaba escribir. Era cómo visualizar un suicidio y plasmarlo en vida y verso.
Ahora lo entiendo. Las cosas más bonitas se escriben sufriendo.
Después de paisajes y paisajes, intento desintoxicarme de cualquier Febrero y salvarte.
Y recordar que te quiero.
Hasta que reventé.
Te he visto en cien letras apretujadas buscando gritar, y me he preguntado cómo lo hacías.
Mil veces.
Y en serio,
¿cómo lo hacías?
Eras como soñar despierto en una noche estrellada,
La tranquilidad que aporta el amanecer al comienzo de una resaca.
Resulta que la rutina aún se acordaba de ti. Hasta que un día, sigilosamente, caminando por la oscuridad, apareciste.
He soportado mil cuchillos para que hoy día 5 llegues.
Y acertaste de lleno.
Os cuento, yo no me enamoré. Yo no le llamé, no le busqué.
No me enamoré de sus ojos, ni de sus besos, ni de sus chistes. Yo no le llamé; tampoco él me avisó.
Me anteponía ante cualquiera sin que se lo pidiera. Me lo dio todo, me lo perdonó todo.
Yo no me enamoré, no.
Me enamoró.
Yo me perdía cada vez que él me encontraba. Llegaba a mis caderas y os juro que no tenía ni idea de dónde estaba.
Ya sabes cómo soy, que todo lo malo lo transformo en caótico. Pero estamos a Noviembre y la vida parece que sigue.
(Que no nos faltaron hojas en el calendario)
Quizá no me falte el brillo de tus ojos, ni las ganas. Quizá no me falte tu risa, ni el hecho de que me veas crecer.
Quizá me faltas tú. Con tus mierdas y tus flores.
Y os podría hablar de golpes. Sí, golpes. Un golpe de decepción bajo la mirada de un padre, un golpe de rabia contra una pared, un golpe de suerte en la ruleta.
Sobra decir que no me abandonaste, pero una parte de mí sí se mató de golpe.
Ahora sé que la felicidad puede ser la cosa más triste del mundo. Que la nostalgia me ama, y yo la quiero para mí.
La quiero porque la he cogido cariño. Y a lo turbio. Y a mis putas paredes.
La quiero porque me permite tenerte, porque revivir tu historia es lo único que me hace sentir viva.
Y duele.
Como no poder decirte al oído que estoy perdida, que me pierdes.
Mis miedos, mis fracasos, mis despistes, y tú.
Porque saborear esta putada, porque el darme contra el mismo muro, despertarme y comprobar que sigues sin estar,
porque echarte de menos,
es lo más puro y sincero que he visto en mucho tiempo.
21:15
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