lunes, 23 de noviembre de 2015

dehesa

Yo era de esas.

Era de esas, de estas y de aquellas.

Era de idas,
de relojes parados.

Yo,
que era de billetes de metro desgastados,
de pelear contra las sábanas
y de descuartizar los clavos,
recoloqué los colores
y tapicé las ganas de seguir soñando.

Ahora cierro puertas
para abrir ventanas de par en par.

Vacío el estante para llenarlo de páginas aún sin acabar.

Yo me ahogaba en silencios de gomaespuma
por confundir oxígeno con nubes de silicona.

Yo,
que era más de tinta que de arreglos,
que abucheaba al acierto
y evitaba lo constante.

Yo,
como el gato loco disfrazado de inmortalidad relativa,
como tu historia escrita en siete vidas.

Yo,
que derramé el agua de todo vaso medio vacío.

Escapé de la trinchera
y me aficioné a los disparos con balas de realidad certera.

De velas consumidas,
de gritar respirando.

De esas era yo.

De las que envidiaba el destiempo
y la esperanza por fascículos amañados.

Yo,
que te perdía en la vulnerabilidad,
en las flores muertas de un jardín abandonado,
en las palabras retenidas por unos labios color granate mordisqueado,
suspendí el rodeo
y no me anduve más con catástrofes de ensueño.

Vendí mi ejército de predicciones
 a cambio de un trébol esmeralda de terciopelo.

Yo,
que convertía en polvo la certeza
por miedo a dejar de buscarla.

Yo,
que era de nadar en mitad del desierto,
de salvar muertes en lugar de a personas,
de dar la espalda a la pared
y la cara a los poemas,
divisé el naufragio de tu risa
y sin prisa
arrojé las penas al mar.

Porque yo,
que me cuestionaba la relación entre amor y abstracto,
encontraba placer en lo absurdo
y contradicción en la felicidad,
volé de nuevo
como siempre
al recordar tus ganas de volar.

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